jueves, 17 de abril de 2014
Crónica precipitada: En este momento entramos en casa, hemos estado a los Oficios a San Lorenzo y después de estar sentados en la calle Santiago tomando un café, viendo alguna procesión y la gran animación que hay en la ciudad; llegamos un poco cansados pero bien y a todos los interesados les enviamos un abrazo desde Valladolid. Julio y Carmina.
viernes, 11 de abril de 2014
Yo me acuerdo del grupo Aniceto Sela de Mieres, estaba en la Avda de José Antonio, digo "estaba" porque ahora seguro que no se llama así la que era conocida como " La Pasera". Recuerdo que su director, ( en este momento comento a mamá no recordar el nombre y ella me dice "D. Celestino") pues D. Celestino había sido minero, luego maestro, director de grupos escolares por oposición y miembro del consejo Nacional de Educación; hablando con él sobre la enseñanza privada o pública decía:" los maestros son los únicos que llevan ese honroso título y estudian pedagogía",
José Ignacio tenía un maestro que se llamaba D. Enrique y le enseñaba muy bien las matemáticas, con él me encontraba y tomábamos un culete de sidra.
Bueno, otro día mas. Julio y Carmina
José Ignacio tenía un maestro que se llamaba D. Enrique y le enseñaba muy bien las matemáticas, con él me encontraba y tomábamos un culete de sidra.
Bueno, otro día mas. Julio y Carmina
jueves, 10 de abril de 2014
Don Moisés
Tenía D. Moisés una regla de madera. Tenía, también, la costumbre de velar por la higiene de los alumnos. A diario, nos hacía enseñar las uñas y las orejas y, levantando la mano desde el pupitre, debíamos enseñar el pañuelo que obligatoriamente debíamos llevar.
Las uñas o las orejas no del todo limpias, o la falta de pañuelo, hacían que la regla se pusiera en marcha y chocara de golpe con las 5 uñas de nuestros 5 dedos colocados con las yemas juntas.
Debía de tener yo unos 8 años, fue mi último curso en el "Grupo Escolar Aniceto Sela" de Mieres, ya que al año siguiente nos fuimos a Oviedo donde cursé "el ingreso" en "La Gesta", así que estoy hablando más o menos de 1963-64.
La costumbre de llevar el pañuelo en el bolsillo del pantalón se me debió de quedar tan grabada a fuego en los recovecos de la memoria, los mismos recovecos a los que no puedo llegar para recordar el aspecto físico de D. Moisés, que se me quedó la necesidad de sentir el pañuelo en el bolsillo y hasta los años 90 no fui capaz de desprenderme de esta costumbre: el pañuelo iba en el pantalón, pasaba varios días allí y, finalmente, sin haber sido usado iba a la lavadora dispuesto a repetir su ciclo vital.
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