Hoy me voy a referir al colgajo. Siempre, en mi casa se echaba el colgajo la víspera del cumpleaños. El diccionario, en una de sus acepciones dice que es un trozo de tela despreciable y también una ristra de frutas enlazadas unas con otras. Nosotros, en mi familia, debía ser habitual en las dos ramas (mis abuelas eran primas carnales).
La víspera del cumple, con el mayor secreto posible, se colocaban sobre una cinta mas o menos bonita o, mas modernamente, una corbata, cosido con una puntada o, mas modernamente grapados, caramelos, mazapanes o cosa similar haciendo un gran collar que a última hora de la noche, en reunión familiar, el mas pequeño de la casa se le colocaba en el cuello del interesado con la mayor sorpresa posible, al tiempo que, en ronda familiar, todos le dábamos un beso y él nos daba un caramelo. El colgajo siempre llevaba en la parte inferior, destacando del resto una estampa de alguna virgen, santo o similar y que en el envés escribíamos la felicitación con un deseo para el interfecto y la firma de todos. Hoy se echaré yo a mamá. Julio